Se denomina involuntario o pasivo al individuo no fumador (aunque en otro tiempo lo haya sido) que se expone al humo del tabaco que despiden las personas con las que convive. Investigaciones recientes han demostrado que en los adultos se ha incrementado el riesgo de sufrir cáncer pulmonar e infarto agudo del miocardio (músculo del corazón), mientras que en los niños de padres consumidores de tabaco se agudizan los casos de infecciones respiratorias y asma. De acuerdo a la última Encuesta Nacional de Adicciones (realizada en 1998), los sitios de exposición más frecuentes para los fumadores pasivos son el centro laboral y la escuela pero, principalmente, la casa, afectando tanto al cónyuge como a los hijos.
Mire usted, los pulmones de los niños son pequeños, por lo cual respiran más rápido y aspiran más compuestos nocivos que un adulto en el mismo tiempo. Su sistema inmunitario (el que protege de infecciones) está menos desarrollado, por lo cual es más probable que contraigan enfermedades del oído y respiratorias (como neumonía, bronquitis y asma) desencadenadas por el humo ambiental de tabaco. Se sabe también que por la misma causa aumenta sustancialmente el riesgo de síndrome de muerte súbita del recién nacido, conocido también como "muerte de cuna", y que una mujer embarazada expuesta al humo del tabaco puede dar a luz a un bebé bajo de peso, lo que a corto plazo puede traerle problemas médicos y más tarde de aprendizaje.
Mención aparte merecen los adolescentes, quienes son influenciados de manera notable por el medio en el que se desenvuelven y a ellos van dirigidas las campañas de publicidad de la industria tabacalera, por lo que no es de extrañar que 90% de los fumadores hayan adquirido el hábito en esta etapa; el número de mujeres adolescentes consumidoras de tabaco se ha incrementado en años recientes. Los jóvenes fumadores pasivos manifestarán, al igual que los activos, tos frecuente, taquicardia (cambios de ritmo en los latidos del corazón), disminución en las funciones pulmonares y en la sensibilidad en los sentidos del gusto y olfato, así como incremento en la presión sanguínea, disminución en las habilidades físicas, mayor riesgo de desarrollar cáncer pulmonar y enfermedades del corazón, entre otras. A su vez, un adulto quien por años ha aspirado humo de tabaco aun sin proponérselo está en vía de desarrollar bronquitis crónica, enfisema (trastorno en el que las estructuras de los pulmones sufren daño irreversible, generando incapacidad para respirar y sensación de falta de aire), problemas gastrointestinales, además de trastornos del corazón y cerebro.
Aunque en menor medida que un fumador activo, uno involuntario también está expuesto a distintos tipos de cáncer, sobre todo en pulmón, lo cual puede explicarse de la siguiente manera: traquea, bronquios y bronquiolos, que son componentes del sistema respiratorio, se paralizan al exponerse al humo del tabaco y dejan de cumplir su función de limpieza, permitiendo así el libre paso de agentes cancerígenos a la circulación sanguínea pudiendo llegar a afectar a órganos como laringe, boca, esófago, vejiga, páncreas y mama, principalmente.
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